Resiliencia alérgica

Avenida de los Baobabs, Madagascar. Foto de Marsel Van Ooste
Una de las cosas que más abruma a las familias que deben seguir una dieta de exclusión de uno o varios alimentos es la incomprensión generalizada de nuestra situación. Nos afectan las caras de asombro ante nuestras explicaciones para dar pautas de prevención de las reacciones adversas, nos hieren los comentarios en tono de broma que nos resultan desagradables o claramente ofensivos, nos indignan los casos manifiestos de no comprensión del tema o de no tener el mínimo interés en comprender, etc. Unos u otros intentan minimizar, desdramatizar, minusvalorar o simplemente ofender, cuando lo que estamos intentando explicar es una serie de prevenciones para no padecer una reacción. Lo que queremos es comunicar unas pautas de acción o de omisión, y no solamente recibir una sonrisa piadosa o falsamente compasiva; tampoco que nos consuelen la angustia. Estamos comunicando cosas concretas que nuestro interlocutor no quiere/no puede comprender.
Especialmente dolorosa es la incomprensión cuando la recibimos por aquellos que en teoría cuidan nuestra salud (entendiendo la salud en los ámbitos físico, psicológico y ambiental). Como en el caso de C.B. , una adulta en la sesentena con varias intolerancias que nos contaba en las reuniones de Immunitas Vera: “Durante años me mediqué para la ansiedad y para mi depresión… ¡claro que estaba deprimida! Durante años me encontré fatal cada dia y no tuve ningún diagnóstico hasta hace poco!”.
También es dolorosa la incomprensión cuando afecta a un menor en la escuela. En el caso de M.J. explicaba claramente: “Yo ya me he cansado de que me tomen por loca, maniática o histérica, explico lo que hay, les doy el protocolo y si lo entienden lo entienden y si no pues no. Intento no disgustarme”.
Si la incomprensión proviene de la propia familia también duele. Lo explica F.J.: “Mi madre, que es la abuela, no entendió la magnitud de la prevención hasta que la niña estuvo ingresada en el hospital y hasta que acudimos a Urgencias en varias ocasiones. Hoy, simplemente, nunca nos invita a comer”.
Ha mejorado la divulgación sobre la alergia pero aún encontramos actitudes sujetas a prejuicios (“son manías, es una tontería, hay cosas peores…”). Y no debieran causarnos daño, más que nada para ahorrar la energía que necesitamos para estar siempre alerta en la prevención.
Hay un concepto de la física que se viene utilizando en psicología: la resiliencia, que no es la resistencia. La resiliencia es la capacidad del individuo para afrontar situaciones adversas, de riesgo o estresantes , sobreponerse a esas situaciones e incluso salir fortalecido. Personas que han resultado fortalecidas a pesar de haber vivido o padecido el infortunio, la tragedia, la muerte, la desaparición o la tortura, el riesgo vital o cualquier otro desastre.
Podríamos hablar de una resiliencia alérgica. Un pequeño ejemplo es el de M.A.: estuvo más de un año intentando su tienda de dietética adquiriera productos seguros para la dieta de exclusión. La señora de la tienda acababa siempre diciendo “todo esto es sin gluten” o “es bueno, porque es natural”. Sin entender y sin querer entender. No se hirió y no desfalleció M.A. : hoy consigue allí sus productos seguros y en la tienda encargan los productos que solicita.
La resiliencia alérgica es necesaria para nosotros en todos y cada uno de los ámbitos en los que nos movemos.
Otro ejemplo de resiliencia cotidiana lo da M. de 10 años. Ante un comentario bienintencionado sobre su menú “especial”, contesta friamente: “No es especial, simplemente no tiene leche de vaca”. Y continúa con su comida.
Grandes resilientes. Grandes personas. Sobre todo los niños y niñas.
Para mejorar nuestra resiliencia, pulsa aquí: Estrategias necesarias
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Yo todavía me sorprendo cuando después de 3 años, hay gente que nos rodea, y a quien has explicado mil veces a que es alérgica tu hija, y todo lo demás, y te sueltan explicandole a otro conocido, es que es celíaca, o el otro día vi unos pasteles para ESO que tiene la M, si eso, sin gluten ya te daré la dirección. Y tu miras a tu pareja, pensando vale la pena corregirle? Si seguro que le hablo y tendrá la cabeza en otro sitio, y de aquí dos meses, me volverà a soltar algo parecido, ah si eso si la niña es celíaca, si eso del gluten…pero si ahora vienen todos los productos muy bien marcados… pero en fin nuestro día a día es nuestro, y lo más importante (a parte de intentar ensenyar, concienciar..etc..) es que nuestros hijos vivan todo esto como M de 10 años – “No es especial, simplemente no tiene leche de vaca”. Y continúa con su comida.-
Me encanta el texto. PERFECTO. Describe nuestra situación del día a día, con la sociedad incluyendo a nuestras famílias.
Es increible, pero es así.
También al relatar los casos reales, con sus iniciales, al leerlos te sientes en muchos de ellos, identificada. Como bién dice M. y tiene toda la razón, porqué tiene ser especial una comida que no lleve, ni leche, ni huevo, etc….
Después de más de 2 años, hay gente cercana que aún me dice “pero no lleva lactosa”…
Felicidades por el texto y muchas gracias por decir en palabras lo que sentimos a diario.
P.D. M. de 10 años: ‘chapeau’ por tu respuesta!!!
Es mucha la gente que no nos comprende y que hace que nuestro día a día sea más agotador; pero también están los que colaboran por crear un entorno seguro para nuestros hijos, y esos son los que a nosotros nos dan fuerzas para alcanzar nuestra resilencia. Gracias a todos ellos.
Genial la acepción que el artículo da a este término…como siempre dais en el clavo a la hora de reflejar nuestras emociones.
Gracias por el artículo.